Todo espacio (de flujo) es un aula

9 abril, 2016

Mientras preparamos la logística para la experiencia de Circópolis Escuelas Rurales Argentinas que se iniciará en el mes de abril en San Pedro de Yacochuya (Argentina), comparto con los lectores este fragmento de mi último libro: Opportunity Valley. Lecciones <aún> no aprendidas de treinta años de contracultura digital (2014). Este texto es parte de nuestra argumentación teórica para el diseño del dispositivo Yacochuya (multigrados y en formato laboratorio), por eso su relevancia en este blog.

En un nuevo ecosistema pedagógico de flujo, deslocalizado y con espacios físicos multiformato, la escuela-fábrica pierde sentido para dar paso al diseño de laboratorios de acceso abierto, favoreciendo una actitud hazlo tú mismo, basada en mover el espacio físico de la interacción fuera del aula y hacerlo disponible a toda hora y en todo lugar. En Where Good Ideas Come From. The Natural history of Innovation (2010), Steven Johnson analiza las redes líquidas y destaca el valor de los Labs como generadores de ideas. El flujo de la conversación en el grupo transforma un estado sólido tradicional en una red líquida: “La zona cero de la innovación no es el microscopio sino la mesa de reuniones”, afirma Johnson (2010). Sin embargo, en la educación formal sigue predominando la arquitectura de la escuela-fábrica del siglo XIX.
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En la foto superior parte del equipo de Circópolis Escuelas Rurales Argentinas, haciendo el trabajo previo en el patio principal de la escuela rural de San Pedro de Yacochuya. De derecha a izquierda, el profesor Elio Flores, Sergio Arciénaga y yo.

La manera más eficiente de congelar redes líquidas es separar a las personas por edad y diseñando espacios para que trabajen de forma individual. Precisamente esto es lo que hacen las instituciones educativas con sus alumnos y profesores. La escuela-fábrica ha sido diseñada con lógicas de organización muy reconocidas (Cobo, 2012): vestimenta e incentivos (exámenes y calificaciones), uniformes para todos los alumnos, organización del tiempo en bloques temáticos y desconectados entre sí, filas de asientos en el aula y una jerarquía vertical en la organización del tiempo basada en el poder del profesor (la clase comienza cuando el profesor llega, y si no asiste físicamente, “no habrá clases”). Y lo que es peor, ha sido diseñada con una arquitectura de panóptico para vigilar y castigar los comportamientos de los estudiantes fuera de la norma. El objetivo ha sido siempre formar ciudadanos fieles al Estado y a la sociedad industrial, con habilidades para volverse trabajadores de la burocracia estatal y de las fábricas.

En el paso de la sociedad industrial a la sociedad red del siglo XXI, la educación se está moviendo desde un conocimiento poco flexible centrado en el currículo hacia un conocimiento flexible y creativo, basado en diferentes talentos y con eje en la co-creación (Hartkamp; en Moravec, 2013). Para este nuevo entorno, la arquitectura de los espacios físicos de aprendizaje debe ser modificada. Es un error diseñar todo el proceso pedagógico privilegiando la planificación de la experiencia del aula y la clase, pero así sigue siendo en 2014 en la mayoría de instituciones educativas. En general, la educación ha tenido inmunidad durante todo el siglo XX en la introducción de las nuevas tecnologías, no solo de las TIC, sino de otras igualmente innovadoras. Esto demuestra lo difícil que ha sido, es y será cambiar las cosas en el diseño del aprendizaje formal.

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La emoción de prototipar con niños de 6 a 12 años. El inicio de CircópolisSobre San Pedro de Yacochuya

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